Mariscal se cuela en la Casa Real e interrumpe al rey para promocionar “la Heavy, que viene fresquísima”

YA HA SIDO "REUBICADO" POR LOS GUARDAESPALDAS DE FELIPE VI, QUE NO SE EXPLICAN CÓMO PUDO ENTRAR "ESTE SUJETO"

El discurso de Felipe VI de este año ha apelado al espíritu de la concordia y a respetar el marco de la Constitución, que cumple 40 años, y se ha centrado otro año más en el conflicto de Cataluña. “Pensaba que con el discurso del año pasado se iba a arreglar todo, pero a la vista está que no, imagino que no sintonizaron bien la señal o algo”, ha expresado.

Pero lo que sin duda ha llamado más la atención y ha generado más polémica ha sido la interrupción de Vicente “Mariscal” Romero, director de La Heavy, que ha hecho acto de presencia para promocionar su revista, ante el asombro de todos los españoles y del propio monarca.

“Venga va, que este número que tengo aquí viene fresquísimo, porque este año sólo hemos sacado a Leo Jiménez unas 32 veces, ¡todo novedades oiga!”, afirmaba tan rápido y eufórico que ha sido difícil entenderle.

Mägo de Oz, Avalanch, Obús, Fito y hasta un póster a cuatro páginas de los hermanos de Castro… lo mejorcito de nuestro rock. ¡Que me lo quitan de las manos!”, exclamaba ante la mirada atónita de Felipe VI.

El rey tampoco se quedó callado ante esta abrupta aparición y ha demostrado tener algo más que horchata real en las venas: “Joder, siempre pensé que ser rey no era nada medieval en nuestros días, pero ver a este bufón en la corte me hace verlo de otra forma… ¡Guardias, prendedlo!”, ordenó el monarca.

Varios guardaespaldas le quitaron La Heavy de las manos como el propio Mariscal promulgaba, pero también le redujeron y sacaron del plano de cámara.

“¡Viva el rey!”, dijo Mariscal antes de que se lo llevasen, como siguiendo el consejo del presidente del PP, Pablo Casado, que recomendaba usar esta expresión medieval de servidumbre y pleitesía para agradecer a “su majestad”, los bienes y servicios de los que disfruta la sociedad.

Según lo que posteriormente publicó Mariscal en sus redes sociales, el periodista había sido encerrado en unos calabozos junto a un tipo idéntico a Puidgemont que afirmaba que el de Bruselas es “un doble puesto ahí para calmar la opinión pública”, y que él es “el auténtico”.

Lo último que escribió fue que los guardaespaldas iban a “reubicarle a él y a Puidgemont”, motivo por el que se despedía por si acaso.

“Larga vida al rock y muerte a los pijos de la movida”, concluía.

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